El Salvador y EEUU: el divorcio americano

A partir del 30 de octubre de 2021, en El Salvador, cobra impulso el escándalo en torno a las publicaciones sobre la reunión de R.García, amigo de la Embajada estadounidense, el fundador del partido Nuevas Ideas (NI), con un grupo de diputados de este mismo gobernante partido. Según se informa, durante la reunión, R.García investigó la posibilidad de generar una división en NI con el apoyo y las garantías del Departamento de Estado de EEUU. Al mismo tiempo, el diputado opositor de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) R.Portillo atribuyó la responsabilidad de agravar las relaciones con EEUU a los partidarios del actual presidente N.Bukele.

A su vez, la dirección de NI atacó las acciones contra el partido. Algunos miembros del Gobierno salvadoreño hasta propusieron expulsar inmediatamente a J.Manes, la encargada de negocios interina de EEUU en El Salvador. J.Manes, por su parte, negó las acusaciones de que Washington estaba involucrado en provocar una nueva crisis política en la república centroamericana. Por ahora se ha solicitado a la Fiscalía general iniciar una causa penal en virtud del Código Procesal Penal.

En el contexto de lo que está sucediendo, es muy probable que las publicaciones de N.Bukele hechas en Twitter respecto a funcionarios estadounidenses afectrarán las relaciones bilaterales. N.Bukele, elegido en 2019 durante la presidencia de D.Trump, prometió fortalecer los lazos con EEUU. Sin embargo, 2 años después se observa lo contrario. Todavía no está claro si EEUU va a ejercer presión económica sobre El Salvador, pero es difícil subestimar el daño que puede sufrir el país que en cierta medida depende de las instituciones financieras administradas en su mayor parte por EEUU (el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento).

La situación actual ha puesto de relieve la desconfianza total de Washington hacia los líderes de los países del Triángulo Norte de Centroamérica (Guatemala, El Salvador, Honduras), independientemente de su orientación política. EEUU sigue criticando las crecientes tendencias a la erosión de los espacios e instituciones civiles en Centroamérica, el aumento de la corrupción entre los funcionarios públicos, la fusión de poderes, los intentos de deslegitimar el trabajo de las organizaciones públicas y de la prensa independiente. Este último es especialmente importante para Washington, que necesita organizaciones públicas y prensa leales.

Específicamente en el caso de El Salvador y de la administración presidencial EEUU condenó el despido de los magistrados de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema y del Fiscal General, así como el nombramiento de los partidarios del Gobierno para estos cargos. También fue criticada la supuesta creación de un marco legislativo para la reelección ilimitada del presidente N.Bukele.

Según los propios salvadoreños, las tensiones en las relaciones bilaterales se deben principalmente a la política inconsistente de Washington. Con el cambio del dueño de la Casa Blanca también cambió la orientación con respecto al gobierno de N.Bukele. La actitud estadounidense se hizo menos amistosa y más intervencionista. Cabe mencionar que un poco antes del estallido de la crisis, el 22 de octubre, H.González, el asesor especial de J.Biden sobre América Latina (de 2013 a 2015, cuando J.Biden era el vicepresidente) y ahora el funcionario del Deprtamento de Estado, expresó su preocupación por la deriva autoritaria por parte del actual presidente salvadoreño. La deriva se intensificó con el establecimiento de una mayoría progubernamental en la Asamblea Legislativa el 1 de mayo.

Teniendo en cuenta una serie de temas sensibles en las relaciones bilaterales (tales como problemas de migración ilegal, delincuencia y narcotráfico), en la capital salvadoreña estan seguros de que confiar en rumores e información no verificada es una mala táctica. En cambio, es necesario establecer un diálogo bilateral mutuamente respetuoso, eliminar los intentos de presión unilateral e interferencia en los asuntos internos, y tampoco recurrir a tales acciones poco constructivas que son inapropiadas para una potencia como EEUU.

Alena Snegireva

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